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Saludos Blogueros y lectores, hoy queremos hacer un homenaje a la Mujer valiente, madre amiga, compañera y amante. Se dice que la Historia está escrita por hombres y por ende tendenciosa hacia el machismo en general, pues hoy queremos rendir homenaje a la imparcialidad y hablar de esta insigne mujer Romana.

El siguiente relato tiene su marco cronológico datado entre sextilis (agosto) y diciembre del 43 a.C. La situación política de Roma no puede ser más turbulenta los Libertadores, acaban de asesinar va Cesar, algunos de ellos huyen otros se reagrupan la guerra civil es inminente e inevitable, Marco Antonio, Marco Emilio Lepido y Octaviano (heredero de Julio Cesar) pactan una paz relativamente débil bajo un triunvirato conocido como “El Sindicato”.

Finanzas de Roma y la lex Clodia

 

Las finanzas de Roma no andaban nada bien con el gasto de las campañas libradas por cesar en la Galia y Oriente medio, y con los futuros planes de conquista se necesita dinero en las arcas así que el Sindicato pleno de poderes en el foro (mediante miedo e influencia), había que encontrar impuestos adicionales. No había pasado la mitad de Diciembre cuando todas las clases sociales desde la Primera a la Quinta, descubrieron que tenían que pagar al estado los ingresos de un año en metálico de manera inmediata.

No conformes con esto el tribuno Lucio Clodio (un peón de Marco Antonio), introduce a finales de Diciembre una lex Clodia que obligaba a todas las mujeres a que fuesen sui iuris (libres de disponer de su propio dinero) y pagar el tributo del año antes decretado.

La Molestia de Hortensia 

Hortensia, viuda del hermano de Catón, Cepio, y madre de la única hija de este, había heredado las dotes retóricas de su padre. Reune aun grupo de amigas entre ellas la viuda de Cicerón, Terencia y otras tantas como Marcia, Pomponia, Fabia, la antigua vestal Massina y Calpurnia e irrumpe en el Foro, sube a la tribuna, permanecieron allí ataviadas de guerra con cotas de malla, escudos en sus pies y las espadas en el ristre. Un espectáculo sin igual asistieron los asiduos al foro y un sinnúmero de mujeres de todas las clases, entre ellas una nutrida representación de prostitutas vestidas con togas de colores llamativos, maquilladas y con pelucas chillonas.

-¡Soy una ciudadana Romana! — Vociferó Hortensia con un grito atronador — ¡También soy una mujer! ¡una mujer de la primera clase! ¿Y que significa eso exactamente? pues ¿Qué va a ser? ¡Que me acuesto en mi lecho de matrimonio virgen y luego me convierto en una de las posesiones de mi marido! ¡Él puede ejecutarme por adulterio, aunque yo no puedo reprocharle que se acueste con otras mujeres… ni con otros hombres!. Y cuando enviudo, no puedo volver a casarme. En lugar de eso, debo depender de la caridad de mi familia para que me proporcione un techo bajo el que vivir, pues según la lex Voconia no puedo heredar ninguna fortuna y si mi marido quiere despojarme de mi dote, ¡es muy difícil impedírselo!

Se oyeron murmullos del público y un PAM de la hoja de una espada contra un escudo. El público se levantó del asiento en un salto. Pero continuo Hortensia diciendo:

– ¡Esa es la suerte que corre la mujer de la Primera clase! Pero ¿Cambiará la situación si fuese una mujer de una clase inferior, o si no perteneciese a ninguna clase en absoluto? ¡Seguiría siendo una ciudadana romana! ¡Seguiría siendo virgen cuando me acostaste en mi lecho nupcial y seguiría siendo propiedad de mi marido! Seguiría teniendo que depender de la caridad al quedarme viuda … ¡pero al menos tendría la oportunidad de casarme con algo más que un hombre! Podría casarme con una profesión, con un oficio, con una labor. Podría ganarme la vida por mi misma como pintora o carpintera, como médica o herbolaria. Podría vender productos de mi jardín o mi gallinero. Si quisiese, podría vender mi cuerpo trabajando de meretriz ¡Podría ahorrar una parte de lo ganado para mi vejez!

Pam! Pam! Pam! Esta vez todas las espadas en un solo estruendo al chocar contra los escudos se le sumaron los címbalos de las prostitutas, los pies de las mujeres de la multitud.

— ¡Por lo tanto ciudadana romana y mujer, como me siento con pleno derecho de dejar constancia del atropello que se quiere cometer contra toda ciudadana romana y mujer que obtiene sus ingresos de cualquier clase y que tiene la capacidad de controlar dichos ingresos! ¡Hablo aquí en nombre de mi propia Primera Clase, cuyos ingresos provienen de la dote o de exiguas herencias, así como en nombre de todas las mujeres de clase inferior o que no pertenecen a ninguna clase en lo absoluto y cuyos ingresos provienen de la vente de huevos, hortalizas, de los trabajos de fontanería, pintura, construcción, etcétera! ¡Pues todas nosotras vamos a perder los ingresos de un año para financiar las insensateces de los hombres romanos! ¡He dicho Insensateces y lo repito insensateces!

Los asistentes al foro parecían cada vez más furiosos, lanzaban gruñidos y alzaban sus puños.

— ¿Acaso votamos las mujeres Romanas? —gritó— ¿Elegimos a los magistrados? ¿Votamos a favor o en contra de las leyes? ¿Tuvimos acaso ocasión de votar en contra de esta Lex Clodia que dice que debemos pagar los ingresos de un año al Erario? ¡No, lo cierto es que no tuvimos la opción de votar contra esta insensatez! Una insensatez promovida por un trío de hombres petulantes, privilegiados e imbéciles …..  ¡Si Roma quiere cobrarnos impuestos, entonces Roma tendrá que permitirnos elegir magistrados, votar a favor o en contra de las leyes!…. ¡Pues nos negamos a paagr este impuesto! ¡Ni un sestercio! ¡A menos que nos otroguen distintos derechos !

Peculiar ejemplo de mujer, el foro ensordeció en vitores, más adelante en su discurso critico a la esposa de Marco Antonio Fulvia que a pesar de ser la más rica del imperio no estaba sujeta a ningún pago exponiendo las diferencias, arrogantes y corruptas de la clase dominante finalizo de esta manera:

— ¡No os atreváis a detenernos! – rugió -. ¡Volved con vuestros amos y decidles de parte de la hija de Quinto Hortensio que las mujeres sui iuris  de Roma, de las clases más altas hasta las más bajas, no piensan pagar este impuesto! ¡Y no lo pagarán! ¡Venga Marchaos! ¡Fuera! ¡Fuera!.

al coro de mujeres ¡Fuera! ¡Fuera!. “Haré que proscriban a esa cerda, a todas las cerdas” grito Antonio al enterarse, al día siguiente Lucio Clodio regreso al Foro para revocar su ley y promulgar otra que incluía a Fulvia a pagar una decimotercera parte de sus ingresos, pero dicha ley nunca llego a aplicarse.

Que grande esta Mujer, que valentía y en que tiempos!!!

Extractos del discurso tomados del libro “El Caballo de Cesar” de la autora: Colleen McCullough.

 

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