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Grabado del Tirano Aguirre

Poco conocida resulta la triste historia de la corta existencia de un personaje singular, estrechamente vinculado a nuestro suelo barquisimetano, cuya fama universal se acrecentaría desde la yacencia de su cadáver; nos referimos a la moza Elvira, que el mundo solo la identifica como “La hija del Tirano Aguirre”, asesinada vilmente en las prostimerías del siglo XVI, por su propio padre a la tierna edad de 17 años, en la aldea de Nueva Segovia de Barquisimeto, testigo silente de tan dolorosa acción. Son escasos los datos historiográficos dedicados a la joven Elvira, se conoce  que nació en los alto del Perú en el año 1544, como producto de la efímera unión que mantuvo Lope de Aguirre, de origen vascongado, con una desconocida india mestiza; criada bajo el férreo celo patriarcal, fue una niña tierna  y hermosa, muy sumiza, siempre bajo el cuidado de la nodriza Juana Torralba, quien la acamparía hasta la muerte.

En Perú, para Junio de 1561, Lope de Aguirre se embarcó en una grande expedición, que partió para tratar de encontrar El Dorado o El País de loa Canela; tanto amaba a su hija que prefirió obligarla a que lo acompañara de esta alocada aventura, que dejarla a buen resguardo en aquella ciudad, como si lo hicieron con sus familias sus compañeros, por supuesto que también se embarcaba la nana Torralba. El caso fue que esta expedición fracasaría, Aguirre asumió violentamente el mando rebelándose contra la corona española, continuó su travesía junto con sus “marrañones” (soldados que le eran incondicionales, llamados así por haber cruzado el peruano río “Marañón”), viajan grandes distancias, cometiendo toda clase de barbaridades en los pueblos donde pasaban. En su recorrido, desembarcan en Venezuela un 21 de Junio del año 1561 en la Isla de Margarita, pasando más tarde a tierra firme, donde a su paso queda una dolorosa estela de muertes y destrucción. El 21 de Octubre de ese mismo año, arriban al segundo sitio de fundación de La Nueva Segovia de Barquisimeto de Buria, a orilla de los ríos Turbio y Claro, en un lugar donde se ubica hoy Tarabana, causaron grandes estragos atemorizando a los pocos pobladores y se refugian en la hacienda de Damian del Barrio, hacia el sudoeste de la ciudad.

Alarmados y cansados de los desmanes y fechorías de Aguirre, las autoridades españolas deciden enfrentarlo y combatirlo, el gobernador Pedro Collado refuerza las milicias y designa para que dirija las acciones al Maese de Campo Diego García De Paredes, quienes aprovechando la deserción de casi la totalidad de los marañones y la carencia de armas y de municiones, lanzan un definitivo ataque en la tarde del lunes 27 de Octubre de 1561 contra Aguirre, quien solo y acorralado es sometido y ajusticiado. Cuentan las crónicas, que cuando García Paredes, seguido de varios soldados fieles al Rey de España, irrumpen en una de las habitaciones donde se encontraba el tirano, se horrorizaron al contemplar la escena que descubrieron: “Aguirre enloquecido, con la mirada encendida, los ojos casi se le salían, arqueadas sus piernas, los desafiaba, en una de sus manos sujetaba una larga y filosa daga de la que aún goteaba sangre, y a sus pies yacía el cuerpo inmóvil de su hija sobre un gran charco de sangre”, por lo que García le espeto: “¡Oh, mal hombre, desgraciado!, ¿Cómo has muerto a esta inocente? ¡Habéis asesinado a vuestra propia hija!… de ninguna cosa de cuantas has hecho, me a admirado tanto como desta”, “¡Ea pues, venga a mí, perros traidores!” contesto el enardecido tirano, dos tiros de arcabuces cegarían la vida de aquel engendro demoníaco, su cuerpo fue descuartizado y algunas de sus partes enviadas a otras regiones del país. Se cree, que momentos antes de matar a su hija, el tirano justificaría su vil acción al decir: “Que así muerta la prefiero, antes de que sirva de colchón de tanto bellaco”.

Sobre los restos mortales de la joven Elvira, el cronista Silva Uzcátegui en su Enciclopedia Larense, reseña “… Su calavera (la del Tirano Aguirre) permanece hoy en aquella ciudad (Mérida) justamente con sus banderas, y el corpiño y saya de raso amarillo que tenia la hija cuando la mató, con las señales de las heridas” (Sic.); más adelante agrega: “la hija de LOPEZ AGUIRRE fue sepultada en un área de terreno en que hoy fabrica del Señor Manuel Meireles, varias casas frente al Hospital de beneficiencia de Barquisimeto, a pocos metros del templo de la Concepción; la cruz que pusieron sobre la tumba la conservaba el Sr.  P. Bro. Mtro. JOSÉ MACARIO YÉPEZ, que la regaló al templo de los Rastrojos como una curiosidad histórica y en aquel templo se guarda…”. La nodriza Juana Torralba, sobrevivió a estos cruentos sucesos y vivió durante muchos años en Barquisimeto vagando por las calles.

Pedestal donde descanso la cruz de Elvira

En la actualidad, al frente del templo católico de los Rastrojos, en el municipio Palavecino, existe una plazoleta construida hace muchos años que se le conoce como plaza del tirano Aguirre, donde se erigió un pedestal con aquella cruz, el texto de una placa allí colocada expresa: “Lector: Este Pedestal tenía la cruz de la hija de Don Lope de Aguirre ….La cuál fue trasladada al museo del Estado. Octubre de 1940”. “Qué dolor, qué dolor, qué pena”.

Esta interesante historia fue tomada textualmente del libro “Casos y Cosas de la Historia” Del autor Jorge Escalona Flores.

 

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