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Su Vanidad

 

Antonio Guzmán Blanco

Presidente de Venezuela durante tres periodos constitucionales llamados: El Septenio (1870-1877), el Quinquenio (1879-1884) y el Bienio (1886-1888), fue una persona sumamente vanidosa, se le rendían muchos homenajes, se hizo erigir varias estatuas a costa del erario público, que manejaba a su antojo, se sentía la reencarnación de Simón Bolívar, siempre se rodeaba de adulantes. Se le llamo injustamente “El Ilustre americano”, era muy afrancesado, fue un autócrata civilizador que en su época conmovió a Venezuela con sus grandes obras. El alumbrado público, la plaza Bolívar, el ferrocarril, el Capitolio y muchas más, que modernizaron el país. en fin era un hombre de frases y gestos, fecundo en historias curiosas.

Guzmán Blanco, ha sido el único Presidente de la República que cobraba su sueldo por adelantado, pues argumentaba lacónicamente: “Eso hay que hacerlo, porque en Venezuela cuando se está en el poder, uno nunca sabe lo que va a pasar al otro día”. Ante los alzamiento militares que en su contra surgieron en Coro y Barcelona, despreocupado afirmó. “En Occidente hay un ejército sin general (Colina) y en Oriente hay un general (Patiño) sin ejército”, por eso es que decía: “Venezuela parece un cuero seco, que si se pisa por una punta y se levanta por otra”. Se relató que Guzmán durante toda su vida tuvo solo un amigo: Él mismo y que antes de partir para vivir y morir en París alegó: “Es hora de que me vaya, en este país ya las gallinas comenzaron a cantar como gallos”. En 1853, se disgusta por que sus enemigos decían que el discurso que pronuncio en la Academia Nacional de la Lengua, se lo había redactado Eduardo Calcaño, a lo que respondió. “Todos ustedes saben que yo pienzo con la cabeza mía”.

En cierta ocasión se le presento a su despacho presidencial, un señor de apellido Morales para solicitarle la jefatura de una aduana, por lo que Guzmán irritado le increpó: “¿Cómo viene usted a molestar al Presidente de la República, por esa pendejada”, Morales avergonzado se retira cabizbajo murmurando entre dientes, pero no pudo evitar ser escuchado por el Presidente que le grita: “Ey, epa tú, venga acá un momento, ¿Qué fue lo que dijo cuando iba saliendo?”, el hombre aterrado y en voz baja: “Nada señor presidente, lo que dije fue que cuando usted se enfurece es igualito al libertador”, Guzmán con el pecho henchido de orgullo: “Ah, con que así es la cosa, entonces quédese usted que inmediato le daremos la aduana de la Vela de Coro”. “¿Cuanto Vale la agilidad mental?” .

Nota: lectura tomada, del libro Casos y cosas de la Historia de Jorge Escalona Flores.

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Ego Te Absolvo y Elvira, soló Elvira

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