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nota de los editores: es verdaderamente gratificante poder publicar la secuela de una narrativa histórica sujeta a la experiencia vivencial de un protagonista, más cuando esté ultimo plasma esos rincones de nuestra existencia y de nuestras calles, el tiempo cambia los rostros no solo de las personas sino de sus entornos, en tiempos de tribulación necesario es dar una mirada atrás y ver de donde venimos, no es un lugar utópico ni el que pinta los intereses de unos pocos, es un lugar de sacrificios pero de mucha solidaridad, es un lugar de desigualdades pero lleno de nuestras lagrimas (de tristeza y de felicidad), es el sitio de nuestra ascendencia, de nuestros amigos y amores, de Jorge Escalona Flores el lugar de sus escalonerias (ii).

ESCALONERIAS (Segunda parte)

Continuamos con esta serie de mis añoranzas de las hermosas décadas 50s a los 90s.

El maestro de escuela era figura de autoridad y respeto, uno lo trataba de Profesor y a las maestras Señoritas, en clases si entraba alguna persona los alumnos debían ponerse de pié y dar los buenos días o las buenas tardes, no se sentaban hasta que el maestro se los indicase. Si el papá, mamá, el maestro o alguna persona mayor llamaba, se debía contestar: “Señor”, si decías ¿qué?” era sinónimo de irrespeto y le daban tu buen “coscorronazo”, si “se encontraba” algún dinero en la calle o en cualquier parte, era conminado a regresarlo inmediatamente, era irrespetuosamente grave, que un menor se “metiera” en una conversación de mayores o que interrumpiera algún diálogo de adultos, por muy banal que ésta fuera.

monedasLas monedas circulantes era el famoso “cachete ò fuerte” (moneda de Bs 5,00), “La Bamba” (moneda de Bs 2,00), “El Real (moneda de Bs 0,50), “El Medio” (moneda de Bs 0,25), “La Locha” (moneda de Bs 0,12 1/2), “Las Nicas o Puyas” (moneda de Bs 0,05 centavos). Los billetes: El Marrón (Bs 100,00) era el de valor más alto y apetecible.

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Los relojes de moda en aquellos años: Lanco, Mulco, Nivada, Omega, Tissot, las tintorerías existentes: Lido, Colsen, el Sol y Roma, era un lujo enviar la ropa a estos sitios, solo algunos privilegiados lo podían costear.

La sirena de la Galletera El Ávila (la de las famosas galletas María) a las 12 señalando el medio día, la gente se persignaba al oírla, funcionaba en la Carrera 15 cerca de la Iglesia San Juan, allí uno acudía a comprar bolsas de retazos de galletas por un real. tlfresidencialcantvPara aquellos años, era difícil que la CANTV te asignara una línea telefónica, ni pensar entonces en celulares, los vecinos nos prestaban una llamadita de sus teléfonos. “Cosas de muchachos” ingeniosa y tontamente “armábamos” un teléfono para jugar, con dos vasos de cera “Dixie” amarrados con un guaral y así nos divertíamos. Se usaba el telegrama para felicitar por el cumpleaños y algún nacimiento; tlfmonederopublicopara comunicarse con familiares en otras ciudades, se les escribían cartas que se enviaban por el correo vía corriente o expreso (“ponían”, “chacho anda al correo a poneme una carta”), cuyas oficinas funcionaban en el Edificio Nacional,.

Los aparatos de TV, por lo general requerían de alguien capaz de “monear” el techo para ajustar la antena y así poder obtener mejor imagen. El “ayudante de cocina” era casi que un objeto de ciencia ficción. El “Melamine”, príncipe en las vajillas de diario cuando era el producto estrella de Plastilara. Las “portañuelas o braguetas” de los pantalones eran de botones, era usual ver las “bicicletas de reparto” y se compraba el exquisito Suero Don Fernando Silva, en su residencia ubicada en la calle 19 entre carreras 18 y 19.

Medicamentos como el azul de metileno o la violeta de genciana para los “corrimientos” en las encías, aceite vermífugo o sal de uvas Picott para la depuración estomacal, Optalidón, Cafenol, Buferín o Conmel para el dolor de cabeza, Mentol Davis, Entero-vioformo para la “seguidilla” o colitis, los parches porosos para los dolores, la Emulsión de Scott de Aceite de Hígado de Bacalao como vitamínico. Para el dolor de muelas nada mejor que los “taponcitos de creosota o de guayacol”

Agua de Colonia: Old Spice, Yardley, Atkinson, Pino Silvestre, Jean Marie Farina, Atkinson, Colonia 70, Bay Run o Alcoholado Glacial con el pingüinito para los masajes. Para el cabello aceite de coco (rojo) en un frasco, la brillantina Palmolive (lata ovalada color verde), el Brylcreem (una crema blanca) que le daba al cabello fijación y brillo. Desodorantes: Mum, D-Ten, 8X4, Shampu Drene. Helene Curtis. Jabones de olor: Cadun, Camay, Lux, Palmolive, Safeguare, Reuter. Leche en polvo Yundery, Reina del Campo, Klim, Nido.

Las reglas de cálculo que le daban al estudiante de bachillerato una “sapiencia” bien particular. Las sillas de extensión plegables, de estructuras metálicas con una lona, los cursos para los exámenes de reparación de materias de bachillerato, que se daban en la casa de AD. Cuadernos Caribe, traían las tablas de suma, resta, multiplicación y división en la parte trasera. Para la escuela nos vestían con uniformes del ropero escolar, ah mundo la escuela Lara. La biblioteca “Pío Tamayo”, que funcionó en la calle 26 entre 20 y 21, donde hoy está la Imprenta del Estado. Por cierto, no existían las fotocopiadoras ni internet, por lo que nosotros los estudiantes más pobres que no podíamos comprar libros, acudíamos a la Biblioteca Pública para consultar, teníamos que copiarlos a mano alzada para estudiar.

En el Edificio Nacional, presentaban espectáculos, en cierta oportunidad se hizo el Show del Pueblo, con la novedad de presentar a Leonardo Favio, también se hicieron acá varios mítines políticos de la izquierda, con José Vicente Rangel candidato del MAS, en una ocasión cantó Alì Primera.

Las tascas: Terminal de la avenida Vargas, la de Chucho, Le Pier, el Abuelo, la Cabaña una de nuestras primeras marisquerías, cuyo dueño se suicidó en el propio local, la del Abuelo, la Pimpina y su Snack Bar, la Fontana, El Cordobés, Casa Luis, El Padrino, Los Cibeles, la Terraza, el Cisne Azul.  Los discos de 45 RPM y los LP, los tocadiscos o pickup, las rocolas pa´ llorá y bebé, los radio transistores. La música moderna de entonces (Chatarritas en inglés) que transmitía Radio Juventud en el palacio radial, adonde acudíamos a buscar las letras traducidas de las canciones de moda, esta Radio fue dirigida acertadamente por el reconocido pintor Don José Martínez Guaidó y los programas imperdibles del “Yesterday” del gran Felo Partidas.

7rojo2Fueron muy famosos los sitios de diversión adulta, la zona de tolerancia, llamada entonces “Los kilómetros”, cerca del Obelisco. Un personaje, sin dudas, que referenció esa actividad fue la madama Mercedes Lobatón, convirtió sus negocios en referencia nacional y en derivación de sustento para decenas de niños abandonados a quien tomó bajo su cuidado, fue conocida por su majestuoso carro Cadillac, color Lila, que conducía. También se destacaron en esta “rama”: El Kilómetro 1, el Nuevo Cari, la Selva, el 7 Rojo, famoso por las atracciones que presentaba y por el ambiente de lujo que allí se ofrecía.

Una flatulencia en público? significaba el desprecio púbico por tremenda asquerosidad, aunque no faltaba algún osado que lo justificara “prefiero perder un amigo, que el estómago”, en contraste con las series de televisión actuales donde, los protagonistas lo hacen con usual desparpajo. Los “condones” eran una mercancía clandestina y pecaminosa, si acudías a una farmacia a comprarlos, esperabas a que no hubiese nadie que pudiera oír lo que se pretendía comprar y si la dependiente era mujer, entonces se marchaba sin el necesario preservativo. Que alguien contestase el teléfono “mi vida” o “mi amor” sin conocerte, imposible que ocurriera, el señor o señora por delante. Igualmente, resultaba desagradable a la vista y al buen comportamiento, que los hombres se rascasen o tocasen “las que te conté” en público, al contrario de hoy que gracias a los bailes de Michael Jackson “tocarse “adelante” es usual; era de muy mala educación “meterse” el dedo en la nariz y “hurgarla” en público o “sonársela” buscando alivianar cualquier dificultad respiratoria. Los hombres machos usaban solo colores serios en las camisas, nada que ver un rosado, un fucsia, un vino tinto; los usos cambiaron cuando se impusieron, en los años sesenta, unas camisas vaqueras de colores y cuadros chillones, que todos usaban porque “salían” en la cuña del vaquero de cigarros Marlboro. Luego los Hippies cambiaron radicalmente usos y costumbres. ¿Un zarcillo en la oreja de un hombre? ¿Secarse el pelo? ¿Hacerse “mechitas”? ¿Una camisa con encajes?, ¡Ave María purísima!, será para que los padres “lo ahorcasen” o la canoa le hacía aguas por todas partes.

El docto periodista ya fallecido Víctor Barrancos, escribió: “Por ello, definitivamente, no hay cosa que motive y una más, que la nostalgia. El recuerdo es siempre un espacio para compartir gratamente, sobre todo en esta ciudad donde la historia marginal, es una crónica compartida en la tertulia familiar…a veces solo en la intimidad del encuentro ocasional. “Todo tiempo pasado fue mejor”…asevera el decir popular. Vivíamos –en el pasado reciente- llenos de normas y manuales de comportamiento heredados de familia en familia y de sociedad en sociedad que eran consideradas de obligatorio cumplimiento para “las mujeres y hombres de bien”…y para quienes se “formaban” en medio de límites hoy considerados obsoletos y hasta ridículos por las nuevas generaciones. El comportamiento social estaba lleno de regulaciones que, si bien no escritas, establecían conductas de “obligatorio cumplimiento”.

Autor: Jorge Luis Escalona Flores

No dejes de leer: 

Escalonerias (ese barquisimeto de antes en detalles) la parte 1 de esté artículo.

Escalonerias (Tercera parte) parte 3 y ultima de este articulo

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